Madrid

Fundación en Madrid

Casa en Madrid y Noviciado

Casa en Madrid y Noviciado

De capitalísima importancia, consideraba M. Carmen, la fundación en la capital de España. Su clara inteligencia y vista de lince que, según su biógrafo, tanto le caracterizaba, le impulsaba a tener en la Corte casa propia y también establecer allá el Noviciado.

Madrid, ciudad populosa, le ofrecía campo y mies abundante para desarrollar energías y trabajar, sobre todo en el apostolado educativo, donde los operarios de la viña del Señor resultan insuficientes. Hacia allá dirigirá sus pasos y todos sus esfuerzos.

No esperará a que sea solicitado su concurso en el apostolado, es ella quien se adelanta a ofrecerlo y solicita autorización del Sr. Obispo de la diócesis, D. José Mª Coz, para establecer la Comunidad. Las circunstancias no parecían ser las más propicias. Todo el itinerario que hubo de seguir, hasta hacer realidad su sueño, estuvo jalonado de no pocas dificultades.

Sorprende seguir de cerca los pasos de M. Carmen, en el desenvolvimiento de la Congregación, entre miles de dificultades de todo tipo, no sólo el ritmo que lleva en sus fundaciones sino los lugares estratégicos donde pone sus miras y la firmeza con que, a pesar de los primeros embates, sin otra ayuda que la muy clara del Señor y de la Virgen Inmaculada, consigue llevarlo a realidad.

Alumnas de Madrid

Alumnas de Madrid

Queremos ahora, aunque sea repetición innecesaria, traerlas a nuestra consideración:

Burgos, octubre de 1982

Segovia, abril de 1894

El Escorial, julio de 1805 y

Madrid, fundación que ahora nos ocupa, septiembre de 1896.

No parece sino que, encontrado el objetivo, se lanza con paso firme a darlo alcance. Cada uno de sus pasos está, con mirada certera,  bien calculado, es firme, nada menos que guiado por la fuerza guiadora del Espíritu que es quien impulsa, sostiene y alienta en la Iglesia la Obra y acción de los Fundadores. De otra forma no cabe entenderse en una mujer, por otra parte, siempre serena, que dedica grandes tiempos a la unión con Dios en la oración, a la mortificación, a la configuración legislativa de la naciente Congregación y a la formación de sus miembros.

El 15 de septiembre de 1896, en instancia dirigida a D. José Mª Coz, Obispo de la Diócesis, solicita la autorización de apertura de una casa; éste agradecido, sin duda, a la generosa acogida de sus indicaciones para la fundación de El Escorial, accedía a ello sin la menor dilación, y el 21 del mismo mes, con el sólo intervalo de seis días, se obtiene el tan importante Documento firmado por el entonces Secretario de Cámara, D. Julián de Diego y Alcolea, después Obispo de Salamanca.

Con todo, la apertura de la misma y el establecimiento de la Comunidad, no se lleva a efecto hasta el año siguiente. M. Carmen, no obstante el permiso con tanta prontitud concedido, prepara antes y dispone todo cuidadosamente. Sabe conjugar de manera admirable, la osadía y la prudencia, la rapidez y la espera.

Casa en la Calle Princesa - Madrid

Casa en la Calle Princesa - Madrid

A primeros de octubre de 1897, se establece la primera comunidad concepcionista en la calle de las Rejas, en el piso principal del nº 1, duplicado. La casa pertenecía al Marqués de Pidal. El permiso para celebrar la Eucaristía no se obtiene hasta el 25 de noviembre, siendo su primer Capellán, el prudente y experimentado sacerdote, D. Antonio Senso Lázaro, Profesor del Seminario Conciliar, más tarde su Rector y al fin, Prelado de la Diócesis de Astorga.

Se inaugura la casa con la mayor solemnidad posible, y da comienzo la tarea educativa; la afluencia de niñas y señoras de piso es tal, que pasados sólo dos meses, en diciembre, se alquila también el segundo. La solución, con todo,  no se logra pues, a mayor capacidad de local, mayores eran también las pretensiones que, a su vez, agrandaban las necesidades. Era necesario buscar otro más adecuado; tres años habrían de permanecer en él.

Después de cuidadosa búsqueda, lo encuentran en la calle de San Vicente Bajo, nº 72, hoy San Vicente Ferrer; casa sola, aislada, espaciosa y con jardín, lo más acomodado que entonces podían apetecer, con vuelta a las calles del Acuerdo y La Palma. El inmueble pertenecía al Conde Superunda. Una vez habilitado para las necesidades educativas, celebra la primera misa el ya Rector del Seminario, Don Antonio Senso Lázaro que, en los primeros momentos de la fundación madrileña, tanto ayudó con su eficaz colaboración.

El traslado a los nuevos locales se hace en los primeros días del mes de febrero de 1901. Los Capellanes serán, desde entonces, los Padres Escolapios de San Antón. La distancia no le permite a Don Antonio, seguir prestando sus servicios a la Comunidad.

Otros tres años permanecerán, las hijas de M. Carmen, en esta segunda casa que tampoco será la definitiva. El Ayuntamiento declara ruinosa la vivienda y ordena sea desalojada en el menor plazo posible. Se irán, habiendo antes realizado una obra apostólica de importancia en la zona. M. Carmen logra contrarrestar la acción y propaganda de las escuelas protestantes del barrio de Noviciado, abriendo una clase completamente gratuita. Eran muchas las niñas, dice un cronista de la época, que pasaban de esas escuelas a las de las Religiosas.

El Colegio y la Comunidad conocieron días de prosperidad; nada faltaba a las Religiosas Concepcionistas, niñas y señoras en abundancia, holgura en la parte económica y paz, tranquilidad y sosiego, muy grandes, en el orden moral.

Con todo, no era este el lugar que la Providencia les deparaba en la capital de España y, cual nuevo pueblo de dios, han de proseguir su peregrinación hasta encontrar el que había de ser, para Madre Carmen, lugar de su reposo.

Una visita al plano de la ciudad, pasando de la primera casa de la calle de las Rejas, a la segunda, calle de San Vicente Ferrer, y a la tercera, Álvarez de Mendizábal, hasta la cuarta, ya definitiva, de Princesa, da la impresión de ser dirigidas, en sus movimientos, por un experto que conoce de antemano la meta y que, sin perder ocasión, toma posiciones certeras hasta lograr el objetivo propuesto.

La tercera será en la calle Mendizábal, 13, una casa del Marqués de Salamanca. El traslado se empezó el día 7 de noviembre de 1904, en pleno curso escolar, y en una época muy fría. Ese invierno se cuenta entre los más crudos que se habían conocido.

Aunque el cambio se verificó en noviembre, las acomodaciones –dada la urgencia de la salida- no habían concluido. Así, la Eucaristía no pudo celebrarse hasta el 10 de diciembre.

En este barrio de Argüelles, lo mismo que en la calle de Las Rejas y en la de san Vicente, las clases fueron llenándose de niñas, todo lo cual prueba que su labor era muy apreciada y estimada en el entorno.

En esta casa y, casi a los tres años justos de establecerse, en pleno desenvolvimiento y desarrollo, en plena elaboración y fijación de las orientaciones del Instituto, en octubre de 1907, nuestra M. Fundadora cae gravemente enferma; los médicos no confían en su curación. Durante todo el otoño y parte del invierno, siguió en mal estado. Tuvo un derrame bilioso, adelgazó mucho, perdiendo el apetito y apoderándose de ella una gran tristeza. Consultando el caso a especialistas, diagnosticaron diabetes y, en tal estado, que no duraría más de un mes.

En situación tan grave, las Madres, no queriendo alarmar a las Religiosas, consultaron con los Padres Clemente Martínez, Provincial de los Escolapios, y Félix Domínguez, confesor de la Comunidad, que frecuentaban y ayudaban mucho a las Religiosas, y fueron de la opinión que se comunicara, al menos, a las Madres que ostentaban la autoridad en la Congregación: Candelaria Boleda, que estaba en la fundación de Manzanares y Emilia Horta, Superiora de Burgos, ambas cofundadoras con M. Carmen.

Cuando nuestra M. Fundadora se dio cuenta del sufrimiento de las Religiosas por su enfermedad y del pronóstico de los médicos, las tranquilizó diciéndoles que desecharan todo temor; sí, en verdad, estaba mal, pero por ahora no se moriría que aún tenía que hacer tres cosas, que eran muy necesarias aquí en Madrid y que, mientras no se consiguieran, no las abandonaría.

Las cosas a las que se refería la Madre eran:

–          Tener casa propia en Madrid

–          El establecimiento del Noviciado, también en Madrid y

–          la Aprobación del Instituto.

M. Carmen, lo diría en broma? quizás para animarlas? o lo diría inspirada de lo alto? No sabemos, lo cierto es que así sucedió.

Fue poco a poco mejorando hasta iniciar la convalecencia y pronto, empezó como antes, a dedicarse a los asuntos de la Congregación, como si nada hubiera tenido.

Empezó, desde luego, a retocar y dar la última mano a las Constituciones. Quería conseguir, muy pronto, la aprobación del Instituto en Roma.

A principios de enero de 1908, tenía todo ya dispuesto; le faltaba sólo, quien le hiciese llegar al Vaticano para que, examinadas, recibieran la sanción infalible y definitiva, del Santo Padre.

M. Carmen se valió del Capuchino, P. Arcángel Sesma, quien a su vez se puso en relación con el encargado en Roma de estos asuntos. Acompañando a las Constituciones, eran de rigor las Letras Comendaticias, al menos de tres Prelados donde la Congregación tenía casa. Las que se enviaron fueron las de :

– D. José Salvador Barrera, de Madrid

– D. José Pozuelo y Herrero, de Córdoba

– D. Remigio Gandásegui, de Ciudad Real

– D. Julián Miranda, de Segovia  y los de

– Coria, Tarazona, Teruel y otros.

El día 19 de marzo, festividad de San José, a quien tanta devoción tenía nuestra M. Fundadora y a quien la congregación profesa “particular devoción” según ella nos legara, en ese mismo año de 1908, salía hacia Roma todo el Expediente.

La actividad y logros de M. Carmen, en este año, son impresionantes.

Al mes siguiente, en febrero, obtiene de Roma las indulgencias que de S.S. el Papa Pío X, había solicitado a favor de la Congregación, firmadas en la audiencia tenida el 13 de febrero y por las que se concedía Indulgencia Plenaria, con las condiciones ordinarias, para los 13 días siguientes del año:

– Fiesta de la Inmaculada

– Natividad de la Virgen

– Visitación

– Presentación de María

– Los Siete Dolores, en los dos días.

– Asunción

– Anunciación

– Patrocinio de Nuestra Señora

– Expectación del Parto

– Virgen del Carmen

– Santísima Trinidad

– San José

Así iba afianzando poco a poco, enriqueciendo y fortaleciendo, con nuevas gracias, la obra que el Señor le confiara, a la vez que dando a conocer y extendiendo su congregación.

Otro deseo, cual idea fija, perseguía a M. Carmen: cómo obtener casa propia donde levantar una Capilla, perpetuamente dedicada al culto de la Virgen Inmaculada.

La realización de este tan bello deseo, en la inmediatez y urgencia con que era espirado, humanamente hablando, era una quimera, un imposible, por la sencilla razón de que, como dijera Santa Teresa, no tenían ni blanca.

Pero en los cálculos de M. Carmen, sobre los elementos financieros, entraba Otro, el Único, que según su experiencia, había ido dando consistencia a todos sus planes, DIOS, cuyo amor llega donde las providencias humanas no alcanzan. En esa Divina Providencia confiaba M. Carmen.

Un día del mes de abril, de ese mismo año de 1908, que tan apretados acontecimientos congregacionales nos trajera, saliendo nuestra M. Fundadora, por prescripción facultativa, a dar un paseo en coche, iba acompañada de M. Providencia; al pasar por la calle de la Princesa, se fijó en un hotel que ostentaba un rótulo: se vende o alquila. Se detuvieron para examinarlo desde fuera, les pareció, en principio bien, aunque un poco pequeño. Preguntan por los dueños, Sres. De Salas y Pintó, e inician con ellos las proposiciones de compra. Las ofrecidas por los dueños son muy buenas, inmejorables, pero nuestras Religiosas carecen del dinero necesario y de los medios de adquirirlo en los plazos ofertados.

La incertidumbre, las búsquedas y el suplicar constante la ayuda de lo alto, son insistentes, no saben a donde dirigirse ni a qué puertas llamar.

Pero he aquí que unos señores, conocedores de la situación y penuria en que se hallaban las Religiosas para la adquisición de la casa, ofrecen a nuestra Madre Fundadora una respetable cantidad sin réditos ni cargas y, a pagar cuando pudieran, exigiendo únicamente, silencio y gran reserva.

Una vez más, el cielo había salido en su ayuda y, nuestra Madre Carmen, orilladas las dificultades, pudo firmar la escritura de compra-venta el 18 de julio de 1908; el acto tuvo lugar a las once de la mañana en la calle Mendizábal, 13, residencia de las Religiosas, actuando como Notario Sr. Ocampo y como testigo el P. Silvino Pulpón, escolapio.

Cuatro días sólo habían pasado cuando, Dª Elisa Pintó, antigua propietaria del hotel de la calle Princesa, advirtió a nuestras Madres que el Ayuntamiento había sacado a subasta el solar colindante con el edificio que las Religiosas acababan de adquirir, hacia el cual tenían derechos de paso y de luces. Ya había salido comprador, no obstante, gracias a la agilidad de las Religiosas y a las buenas gestiones del abogado, D. Florencio alvarez Osorio, estando ya el Ayuntamiento comprometido con el primer comprador, hubo de celebrar nueva sesión y, por aplastante mayoría, creyó justa la rescisión del contrato, reconociendo a las Religiosas con mayor derecho al solar, por colindante. Las Religiosas, en el intervalo de menos de un año, eran propietarias además de una casa, de un solar espacioso en uno de los lugares más céntricos de la ciudad.

Antes de finalizar el año 1908, no habían pasado seis meses desde el envío del Expediente de las Constituciones, cuando el 6 de septiembre, pasaba toda la Documentación al Dicasterio Romano, encargado del examen y estudio de Constituciones.

El Romano Pontífice, Pío X, en audiencia con el Cardenal Ferrata, Prefecto de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares, oído el examen que emitiera el Tribunal, se dignó aprobar y alabar el Instituto de Religiosas Concepcionistas de la Enseñanza, como Congregación de Votos Simples.

La Secretaría de la Congregación de Roma expide el Decreto correspondiente, a tal Aprobación, el 19 de septiembre del mismo año 1908.

La noticia llega a Madrid cuando M. Carmen se encontraba en Manzanares. Fue M. Providencia, Secretaria General, quien inmediatamente le comunicó tan fausto acontecimiento; desde allí se notificaría a las demás comunidades.

El júbilo de todas las Religiosas fue muy grande, en especial el de M. Carmen, que veía en él cumplidos sus mayores deseos y aspiraciones.

Todas las Comunidades Concepcionistas, que por entonces sumaban doce, celebraron el hecho con gran regocijo y acción de gracias al Señor. La comunidad de Madrid, precisamente, no pudo expresar externamente su alegría ni hacer partícipe de sus festejos; se encontraba efectuando el traslado de la calle Mendizábal al nuevo domicilio de la calle de la Princesa y no disponían de locales ni aun de Capilla.

Uno tras otro, los anhelos de M. Carmen se iban cumpliendo. En 1910 obtiene el permiso para establecer en esta casa el Noviciado, admitir Postulantes y Novicias y de hacer la primera Profesión Religiosa.

La Maestra de Novicias fue M. Francisca Pardo y las tres primeras novicias:

–      Carmen Oyuelos

–      Virtudes Izquierdo

–       Cecilia Martínez

La Vida de M. Carmen llegaba a su ocaso. Cuando lo vio, aún sólo en lontananza, todo cumplido, la entrega que a dios hiciera de su vida y que tantas le ofreciera, iba cobrando perfiles de confianza, de abandono y de seguridad cumplida. Podía cantar ya su “Nunc dimmíttis: “Ya puedes, Señor, cuando quieras, dejar irse a tu sierva porque mis ojos han visto la realidad de tus promesas…”

Los meses de abril, mayo y junio de 1911, la comunidad vivió los momentos más decisivos y dolorosos de su última enfermedad, sin ya apelación ninguna, es más, contra el parecer de los médicos, ella aseguraba su marcha definitiva. Y después de preguntar: cuantos días faltaban para Santiago, entregó su alma al Señor en el lugar que es hoy el Oratorio de Princesa 21, donde reposan sus restos mortales, el día 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, de 1911. Fecha de su nacimiento a la VIDA REAL Y DEFINITIVA.

Eran las 8’15 de la tarde; inmediatamente se pasó aviso al Visitador de Religiosas, Don Carlos Díaz Guijarro, confesor de nuestra Madre Fundadora que, ante todas las Religiosas, manifestó ser voluntad de Madre Carmen, que el entierro fuera  lo más sencillo posible; además dijo, en presencia de toda la comunidad, por orden expresa de la difunta Superiora General, que quedara M. Providencia haciendo sus veces hasta la elección de sucesora en el próximo Capítulo.

El día 27 fue el entierro y del modo más sencillo, como fuera ordenado; fue enterrada en un nicho del cementerio de San Justo.

Los orígenes de esta comunidad están íntimamente ligados a los de nuestra Congregación e impregnados del espíritu y de la acción de Carmen Sallés. Actualmente en la parte del hotel, que ella comprara, Princesa 21, reside el Gobierno General junto a otras dependencias de la comunidad. Aquí también tuvo su iniciación, después de bastantes mejoras, el complejo educativo actual de más de mil quinientas alumnas, integrado por los inmuebles de Princesa 19, Ventura rodríguez, 2 y Tutor 4 y 6.

En 1925 da comienzo, en esta Casa, la Segunda Enseñanza con cinco alumnas, aumentando progresivamente de año en año. Enseguida se sintió la necesidad de ampliar los locales, no pudiéndose llevar a efecto por los acontecimientos políticos que sucedieron.

El 11 de mayo de 1931, cuando M. Lourdes Alonso, tercera Superiora General, se encontraba en Brasil, se produce en España la llamada “quema de los conventos”. Tan pronto le llega la siniestra noticia, a pesar de no ser muy bueno el estado de su salud, se pone en camino sin la menor dilación, haciendo la travesía en barco. A su llegada se fue empeorando, quizá por la medicación que hubo de tomar unido a la fuerte impresión que la situación de España le produjo, contrajo la enfermedad que le llevó al sepulcro, el día 25 de noviembre de 1932, siendo la primera víctima que la Congregación tuvo que lamentar, en esta calamitosa catástrofe nacional.

La Segunda República prohíbe, en España, la enseñanza en Centros eregidos por Religiosos. Fue, entonces, en octubre de 1931, cuando se busca un local donde las Hermanas, vestidas de seglar, pudieran ejercer el apostolado de la enseñanza. Se encontró muy cerca de Princesa, en la calle de Mendizábal, 1 y 3, el palacio de los Marueses de Zarco. Se abrió una Academia con el nombre de “Colegio Argüelles” –residencia para niñas internas y externas, a nombre de D. Luis Espiga, sobrino de M. Concepción Espiga, primera Religiosa de la Congregación.

Al frente de la casa estaba M. Cayetana (Srta. María); como Directora del colegio actuaba M. Regina Arias. En ella se impartía la Primera y Segunda Enseñanza, traslado de la calle de Princesa. Permanecen hasta julio de 1936 –fecha del comienzo de la guerra civil-. Las Madres que fueron testigos y protagonistas de los hechos, cuentan la persecución de que era objeto todo cuanto tenía el menor atisbo religioso.

En este tiempo de la Segunda República, 1931-1936, se alquilan dos locales más en Madrid: uno en la calle de Hortaleza, nº 78, esquina a General Gravina y otro en la calle Abada, 9. M. Regina cuenta cómo la famosa maleta de la M. Fundadora era trasladada de Hortaleza  a Abada, según unas u otras circunstancias.

En 1936, la casa Generalicia de la calle Princesa 13, entonces Blasco Ibáñez, fue la primera en ser asaltada por los milicianos el día 19 de julio, justamente al día siguiente del comienzo de la guerra civil, convirtiéndola en checa (cárcel de tortura). Lo propio ocurrió con el llamado “Colegio Argüelles”, de la calle Mendizábal, que fue invadido, días después, el 26 de julio y declarado Hospital de Sangre.

En esta situación, una de nuestras Hermanas, Sor Gracia Huesca, fue tal el pánico y susto recibido por el asalto, que murió a los dos días, el 28 de julio de 1936. En medio de aquel general desconcierto, dice una cronista de los hechos, pudo confesar con un Padre Escolapio que, justamente, se hallaba en la casa.

Sobre la tercera vivienda de las Religiosas, la de la calle Abada 9, no corre mejor suerte. Daba la grata coincidencia de haber la finca donde trabajaba el Santo Patrono de Madrid, San Isidro Labrador, por lo cual, todavía se conservaban en los bajos, los pesebres para el ganado y también, había en la casa, una escultura del Santo que, antes dela República, estaba en el exterior en una hornacina.

Al tener que abandonar la casa, el 22 de marzo de 1937, M. Pilar Esquíroz, Superiora de la Comunidad, dirigiéndose a la imagen del Santo, le encomendó cuidara de la casa como a cosa propia, y así lo hizo, pues se encontró a la vuelta, cuanto habían dejado.

En la vivienda 4ª, de la calle de Hortaleza, teníamos organizada una pensión de señoras, debidamente autorizada y registrada en la Dirección de Seguridad; gracias a ello, pudo ser para las Religiosas casa de refugio, aunque fueron tantos y tantos los registros, que estaban siempre en tensión.

En uno de esos registros, Sor Anunciación Caretas, que padecía de corazón, murió de repente a los dos días, sin duda, de la impresión que recibiera al entrar unos milicianos en la habitación en la que ella descansaba. Cuentan las Madres, además, que tuvieron que pasar muchos apuros hasta poder enterrarla.

Eran muchas las Religiosas que acudían a este piso, de Pozoblanco, de El Escorial, de las que se hallaban en Madrid, huidas de uno u otro lugar. Hubo ocasión en que se juntaron más de cien, sin saber dónde ir, diseminadas por casas particulares y pensiones; era una preocupación constante, ya que con frecuencia eran echadas a la calle, ante el temor de que su estancia pusiera en peligro a las familias.

El periodo de la Guerra Civil, fue muy duro para la vida de nuestra Congregación en España. Son años oscuros de dispersión en los que toda actividad educativa quedó totalmente paralizada.

Terminada la guerra, 1939, se empieza a recuperar parte de lo perdido. Cuentan los anales de la casa que, siendo Superiora General M. Piedad Espinal, cuando pudimos volver a nuestra casa de Princesa, era irreconocible, por el lugar que ocupaba en dicha calle; los saqueos y abusos constantes, todo lo habían destrozado.

Una vez instaladas, se fue restaurando todo, poco a poco, a fuerza de mucho sacrificio, hasta poder ejercer la tarea educativa. Dios bendijo estos sinsabores. Empezó a crecer el número de niñas y se inician los trámites para la adquisición del edificio de Tutor, 4, -La Perla- pudiéndose formalizar la escritura en 1940, no sin tener que superar muchas dificultades.

Y da comienzo la paulatina restauración de todo:

–     El 13 de mayo de 1939, el Obispo de Madrid, Don Leopoldo Eijo Garay, erige nuestra capilla con carácter semipúblico, pudiéndose, desde entonces, celebrar la Santa Misa y demás cultos.

–     El 11 de abril de 1939, onomástico de la Madre Fundadora, es reconocido legalmente el colegio.

–     El 8 de marzo de 1940, fue eregido en la Capilla el Viacrucis.

–     En 1943, se levanta un piso donde ubicar algunas dependencias y, mediante una hipoteca, se inicia la construcción de nuevos locales.

–     El 8 de septiembre, festividad de Nuestra Señora, se pone la primera piedra del actual colegio de Princesa 19. Presidieron los actos de la inauguración: M. Piedad Espinal, Superiora General; el P. Zurdo, profesor del Colegio y capellán de niñas; el P. Gabriel López, Superior de los PP. Reparadores y las MM. Regina Arias y Blanca Quintero, además de las Superioras de las casas.

No podemos pasar por alto acontecimientos de gran importancia para todas nosotras, como la celebración de las Bodas de Oro del Instituto, en 1943. Los actos religiosos tuvimos que celebrarlos en la Iglesia del Buen Suceso, por resultar insuficientes nuestros locales.

La gran noticia que, el 1 de abril de 1945, recibió la comunidad: El Sr. Obispo de la Diócesis llama a Palacio a nuestra Superiora General, M. Piedad Espinal, para comunicarle la apertura del Proceso de Beatificación de nuestra Madre Fundadora.

Las sesiones del mismo se fijaron para el 22 de abril, casualmente coincidía con el aniversario de la curación milagrosa de M. Amelia. Por razones, que no se especifican, no pudieron realizarse hasta el 25 y 26 de junio del mismo año.

Y, por último, la fecha del 8 de junio de 1949, en que fueron trasladados, después de un reconocimiento oficial del cadáver, los restos mortales de nuestra Madre Fundadora, al Oratorio donde hoy se encuentran y del que salieron el 27 de julio de 1911.

Adquisiciones recientes, que completan materialmente el complejo educativo de la comunidad, han sido en la calle de Ventura Rodríguez, parte de un edificio dedicado a exposiciones de arte, llamado AGORA, que ha sido acondicionado para biblioteca general del colegio.

Y el edificio de Tutor 6, donde se han levantado una serie de pisos dedicados a gimnasio, clases, en número de 12 y dos pisos, residencia de Religiosas.

El colegio sigue funcionando e incrementando su apostolado, con el transcurso de los años, gracias a la ayuda de Dios y a la protección de María, Madre y Señora de la congregación.

Se imparten clases de Primera Enseñanza, Bachillerato, COU y Magisterio; estas últimas se trasladan a nuestro colegio de El Escorial en el año 1966.

Además de las actividades docentes, funcionan otras apostólicas que varían, según las necesidades y evolución de los tiempos.

Por su carácter específicamente mariano, no podemos dejar de mencionar que, en enro de 1964, al organizarse en Madrid la campaña del Rosario en Familia, a cargo del P. Peyton, nuestro colegio fue designado como centro Piloto, y tuvo a sucargo, otros doce colegios a los que debía hacer llegar las instrucciones que se recibían.

El presente recorrido nos puede ayudar a dar gracias a María que, en todo momento, ha estado a nuestro lado. Nos ha ayudado a seguir firmes viviendo nuestra vida de fe y entrega, a pesar de las dificultades y, además de hacer fructificar nuestra obra en las cuarenta vocaciones que han salido del colegio para nuestra Congregación, que nos ha hecho comprender que Dios cuida de nosotros, como Padre amoroso.

Recogemos aquí, con agradecimiento y emulación para las que proseguimos la obra iniciada por nuestra M. Fundadora, en la Casa donde, realmente permanece entre nosotras, a las que han hecho posible la presencia de su Obra y de su espíritu, como Superioras de la Comunidad, desde 1918.

M. Lourdes Alonso Martínez

M. Piedad Espinal Iñigo

M. Montserrat Esteban Gadea

M. Victoria Torralba Silanes

M. Eucaristía Olaizola Echevarría

M. Guadalupe Urra Jañices

M. Regina Arias Pedroarena

M. Soledad García García

M. Salud García-Donas López

M. Montserrat Esteban Terés

M. Mª Luz Rodríguez García-Rubio

M. Mª Luz Avecilla García

M. Carmen Bernal Ramírez

M. Mª Luisa Barrio Villena

M. Ascensión del Blanco de Castro

M. Catalina Ruiz Elvira Mira

M. Teresa Baranda López

Y a las Hermanas que, de esta Comunidad, siempre en continuo devenir y por ello imperfecta, pasaron a la Casa del Padre:

1906-   M. María Ansoaín Arbilla

1911-   M. CARMEN DE JESÚS SALLES Y BARANGUERAS

1919-   M. Providencia Esquíroz Iñigo           – Superiora General

1920-   Hna. Carmen Martínez          (Novicia)

1929-   M. Piedad Martínez Romero

1929-   M. Ana Rodao Núñez

1932-   M. Lourdes Alonso Martínez             – Superiora General

1936-   M. Gracia Huesca Estévez

1936-   M. Anunciación Caretas Obollo

1942-   M. Candelaria Boleda Balsells             – Cofundadora

1942-   M. Irene Mediavilla Valle

1947-   M. Caridad Alcalde Alcalde

1952-   M. Cayetana Vallejo Serna

1953-   M. María Hualde Serna

1954-   M. Blanca Quintero López

1956-   M. Teresa Tamayo Sanz

1959-   M. Teresa Sanjuán Pineda

1960-   M. Mª Luisa Osta López

1961-   M. Guadalupe Urra Jañices

1963-   M. Piedad Espinal Iñigo

1963-   M. Carmen Azpilicuela Zabaleta

1964-   M. Soledad García García

1965-   M. Fuencisla Martínez Allende

1965-   M. Angela García Fernández

1973-   M. Francisca Pardo Sánchez

1976-   M. Peña Bermejo Callejas

1976-   M. Ignacia Olasagarre Zubillaga

1980-   M. Carmen Herrera Escriú

1981-   M. Dolores Río Páramo

1983-   M. Pura Rufo García-Amador

¡Descansen en paz!

Madrid, enero 1984

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