Santa Cruz de Mudela

Fundación de Santa Cruz de Mudela

 Establecidas las hijas de M. Carmen en Pozoblanco, de la Diócesis de Córdoba, sigue la Fundadora escuchando en su interior el mandato apremiante que el Señor confiara a los apóstoles: “ … id por todo el mundo…”. Madre Carmen quiere seguir extendiendo por las ciudades de España, de una a otra Diócesis, la obra y misión a ella encomendada.

Buena y muy amplia había sido la acogida de Mons. Herrero y Pozuelo, muy vasto el campo de trabajo que, en los pueblos de su Diócesis, le ofrecía; con todo, la próxima fundación no será en Córdoba sino en ciudad Real.

Entre la fundación de Pozoblanco y la que ahora nos ocupa, Santa Cruz de Mudela, median otras tres: Almadén, Valdepeñas y Murchante; las dos primeras en Ciudad Real y la última en Navarra, diócesis de Tarazona.

En uno de los viajes que M. Carmen hiciera con motivo de la fundación de Pozoblanco, a la vista de la necesidad docente y educativa en que se hallaban las poblaciones de Andalucía y La Mancha, se decide a pasar por Ciudad Real para hablar con su Obispo, Don Casimiro Piñera y Manero que, al saber el asunto que movía a Madre Carmen, cogió con agrado la propuesta ofreciéndose a ayudarle.

El coloso e ilustrado Obispo, después de detenido estudio de las Reglas y Constituciones del nuevo Instituto y, recibida la petición oficial, las dio cabida en su Diócesis, primero en Almadén y, al año siguiente, como se lee en el Oficio expedido el 30 de abril de 1903, “… en vista de los buenos resultados que las dichas Religiosas Concepcionistas están dando en Almadén, concedo muy gustoso mi autorización para que se establezcan, no sólo en Valdepeñas sino en cualquier otro punto de mi Diócesis…”.

De nuevo la fama, de los trabajos que las Religiosas llevaban a cabo en Valdepeñas, por medio de las familias de las niñas que, desde Santa Cruz iban allí, van a ser los principales promotores en la nueva fundación de Santa Cruz de Mudela.

Dada la proximidad a Valdepeñas, M. Carmen, en principio, se resistía a admitirla, pero ante la insistencia y buena disposición del pueblo, se empezaron las primeras tentativas que, a pesar de la dificultad, nada pequeña para nuestra M. Fundadora, tuvieron feliz acogida, gracias a los hermanos D. Benito y Dª Rosario Laguna.

Estos dos hermanos venían sosteniendo en el pueblo, escuelas para niños y niñas sufragando ellos todos los gastos, tanto del personal docente, como el del material del edificio y menaje.

Anhelaban, con todo, dotar al pueblo de una Institución Educativa que asegurara mejor la formación humano-cristiana de la juventud.

Estaban ellos en esta idea y, en cómo llevarla a cabo, cuando empezaban en el pueblo los primeros rumores sobre las Concepcionistas de Valdepeñas, elogiando tanto su obra como su acierto educativo. Los entusiastas partidarios de las Religiosas, aprovecharon la coyuntura para interesar a los Sres. Laguna, quienes vieron desde el principio el medio providencial de llevar a efecto sus deseos.

La primera entrevista fue en agosto de 1904, con las MM. Candelaria Boleda y Lourdes Alonso que, comisionadas de Madre Carmen, se llegaron a Santa Cruz para estudiar de cerca la propuesta de fundación, el estado del inmueble, residencia de las Religiosas y el destinado para colegio.

La casa, por hallarse durante bastantes años deshabitada, la encontraron muy deteriorada; era grande, con jardín y tenía aneja otras varias casas de labranza. Con todas ellas,  hechas las debidas reparaciones, quedaría espacio para un buen colegio.

El pueblo, por el momento, se comprometía a hacer las reparaciones y obras más urgentes, así como habilitar y amueblar las clases, hasta dejarlas para su utilización inmediata.

Los hermanos, D. Benito y Dª Rosario Laguna, se entrevistarían después en Madrid con nuestra M. Fundadora, en octubre de 1904, ofreciéndole las condiciones, así como las necesidades y exigencias de la fundación.

Las Religiosas ocuparían la mitad de la casa, en usufructo durante 20 años, corriendo por cuenta de los donantes, además de la conservación y reparaciones, el material y menaje de las clases, la instalación y, más adelante, la construcción de la Capilla.

Los citados señores, y varias personas de la población, se comprometían a pagar el sostenimiento de una clase de 30 niñas pobres, cuyos padres no pudiesen sufragar los gastos de un colegio.

Las Religiosas, por su parte, además de aceptar la citada clase, que se le denominaría de “San Faustino”, en memoria de la señora, propietaria de la casa y tía de los hermanos Laguna, tenían el derecho de poder admitir toda clase de alumnas, tanto externas como internas, si fuera el caso.

Así, todo dispuesto, se pensó abrir el colegio tan pronto se recibiera la autorización. No obstante, por circunstancias que no se especifican, no se tuvo la inauguración hasta el 8 de julio de 1905.

Para asistir al acto, dicen las crónicas de la casa, habían salido el día 4, desde Valdepeñas en carruaje, las Madres Carmen Sallés, Superiora General y Fundadora, Providencia Esquíroz, Secretaria General, Candelaria Boleda y Pilar Esquíroz.

El bondadoso Obispo, Don Casimiro Piñera, que diera su primera autorización, había fallecido, siendo Gobernador Eclesiástico, sede vacante, Don Francisco Baztán.

La bendición de la Capilla, entonces provisional, en una sala de la casa, se verificó el día 8, celebrando la Misa Don Francisco Bermúdez Flores, Párroco de la Villa, con asistencia del Clero y autoridades al frente de su alcalde, D. Julián Amorrich.

Al día siguiente, San Cirilo, onomástica del padre de los hermanos Laguna, se ofició un funeral en sufragio de los anteriores dueños de la casa, sufragado por la Comunidad. El día 10, quedaron, oficialmente, abiertas las clases, con un total de 70 alumnos, distribuidos en cuatro aulas:

“La Purísima”

“Virgen de las Virtudes”

“San José”

“San Faustino”

La primera Comunidad quedó constituida por:

M. Candelaria Boleda, Superiora

M. Asunción Miguel

M. Pilar Esquíroz

Hna. Inés Fernández Herrero y

Hna. Micaela, postulante de coro

Dos años más tarde, quedaría incrementada con la presencia de M. Cayetana Vallejo, profesora de música.

El colegio de la Purísima concepción, de Santa Cruz de Mudela, recibió el apoyo y protección constante de los hermanos Laguna.

En 1908, el convenio verbal que hicieran con la Superiora General, fue elevado a Escritura Pública con fecha del 10 de octubre de 1905, otorgada ante notario y actuando como testigos, D. Francisco Bermúdez Flores, D. José Ortega Nieto, D. Eduardo Asensi Ruiz y D. Dionisio Barnuevo Ramírez.

Fallecido D. Benito, en 1911, su hermana Dª Rosario, quiso, en memoria suya, fundar una clase de párvulos. En el solar de la misma casa, en la parte a ella reservada, edificó dos amplios salones para un total de 100 alumnos, de ambos sexos, dotándolo de un extraordinario material escolar y pedagógico; ambas plazas, por disponer la comunidad de la titulación conveniente, fueron subvencionadas por el Ayuntamiento y asignadas a las Religiosas.

La bendición de los locales se hizo el 2 de junio de 1913 por el entonces Párroco de la Villa, Don Antonio Pardo, acompañado del clero con asistencia de autoridades y Religiosas.

Hicieron uso de la palabra, el Alcalde, Presidente D. Baldomero Peñuelas, el Coadjutor D. Acisclo Martín, por delegación del Párroco, D. José Miranda y D. Rafael González, Maestros Nacionales y M. Providencia Esquíroz, Superiora General de la Congregación.

El celo de Dª Rosario Laguna, la fundadora, como era denominada por las Religiosas, en favor de su pueblo natal era constante; no había necesidad por ella percibida, que no se sintiera llamada a remediarla.

El 2 de febrero de 1919, fundada la Escuela Dominical, destinada a atender espiritual y culturalmente a las adolescentes y jóvenes que, por necesidad económica de la familia u otros motivos, no habían acudido a la escuela en la edad escolar y se encontraban, ahora, en la más completa ignorancia.

Al frente de ella estaba M. Puridad Lasala, Superiora de la Comunidad, y M. Cayetana Vallejo, como primera catequista, ayudadas de señoritas de la localidad, en su mayoría excolegialas y catequistas.

Deseando ampliar la fundación y extender los beneficios de la formación a un número cada vez mayor, Dª Rosario, hizo cesión del resto de la casa, estableciendo cuatro clases graduadas, gratuitas, para ciento sesenta alumnas, regentadas por cuatro Religiosas, para lo que constituyó un capital cuya renta cubriera, además de la retribución de las profesoras, los gastos de mantenimiento y material escolar.

Estos grados estaban planificados para atender a las niñas, desde la edad de 7 años, que salían de la clase de párvulas, hasta pasada la edad escolar, 14 años en adelante, de corte, costura, etc., para adultas.

La inauguración se hizo el día 22 de abril de 1922, denominándose clases de “San Faustino”. Las aulas antes existentes, se redujeron a:

–          Las dos de párvulos, subvencionadas por el Ayuntamiento

–          La de la “Inmaculada”, privada

–          Las cuatro de “San Faustino, subvencionadas por Dª Rosario, con la cantidad de 6.000 ptas. año, más 1.200 ptas. para el material, la contribución y reparaciones del edificio.

Las Religiosas que, por primera vez, regentaron las aulas de San Faustino

fueron:

–          1º Grado, Sor Dulce Nombre Esnal

–          2º Grado, Sor Aurora Escobar

–          3º Grado, Sor Corazón de María Martínez de Carnero

–          4º Grado, sor Clara Moreno

En este último Grado, de adultas, las clases eran sólo por la tarde, ya que no se impartían clases literarias, sino de formación, corte y cultura.

Dª Rosario iba, así, cumpliendo uno tras otro, los deseos que los dos hermanos habían acariciado; sólo quedaba uno: la construcción de la Capilla. El día 7 de abril se puso la primera piedra. Acompañaba a Don Antonio Pardo, Cura Párroco de Santa Cruz, el Clero, la Comunidad Religiosa y otras personalidades. Junto con la primera piedra introdujeron, en una caja, las firmas de todas las Religiosas de la Comunidad, fotografías de la M. Fundadora, medallas, agua bendita, estampas y varias cosas más, según leemos en las crónicas de la casa.

El 17 de marzo de 1923, a las tres de la tarde, se tuvo la bendición de la Capilla; Don Antonio Pardo, acompañado del Clero, presidió el acto, haciéndose el traslado del Santísimo de la antigua a la nueva Capilla. Acompañaban las Religiosas en procesión con velas encendidas. Esta bendición se hizo sin la solemnidad que el caso mereciera, pero las obras no estaban del todo concluidas y faltaban el altar y las imágenes.

La urgencia venía dada por unos Ejercicios Espirituales que, en esos días, daba el P. Soto, SJ.  a un grupo de señoras.

La inauguración solemne se tuvo el 2 de agosto de 1923, contribuyendo a dar al acto mayor realce y esplendor, el grupo de 83 niños y niñas que, en ese día, hicieron su Primera Comunión. Fue un día muy grande en el pueblo. Por la tarde, además de los versos que todos los niños ofrecieron a la Virgen, hicieron su consagración a María Inmaculada.

Dª Rosario, mujer sumamente piadosa, mimó, en gran manera, todo lo relacionado con el culto. El altar y retablo eran de caoba reengruesada y fileteada en oro, con las Imágenes de la Purísima Concepción, Santa Teresa de Jesús y San Cirilo Obispo, en memoria del padre de la fundadora.

De dichas imágenes, hoy no queda nada; fueron profanadas por los marxistas en 1936. Al entrar las Madres sólo encontraron las paredes. Todo el edificio estuvo convertido en hospital de sangre.

A la muerte de Dª Rosario, acaecida el 28 de octubre de 1929, dejó la fundación en las mejores condiciones, no es extraño fuera, por aquel entonces, uno de los colegios que en la Congregación gozaron de mayor prosperidad.

Habían sido muchas las mejoras que en el inmueble se iban operando, tanto en el sector destinado a residencia de Religiosas como en el escolar.

Dª Rosario tuvo una muerte edificante asistida y acompañada de la comunidad, en cuyas manos dejaba la Fundación por la que, en vida, tanto se preocupara y ahora, en sus últimos momentos, también la tenía presente:

–          Aumentó la subvención de los Coadjutores como Capellanes de las Religiosas, para que no nos faltara, dice la cronista, la Misa diaria.

–          El sostenimiento de la Escuela Dominical y

–          Hasta el Seguro de Incendios

Desde entonces, los fondos de la Fundación eran administrados por una Junta constituida, según un Real Decreto, por un Presidente y tres Vocales, designados por el Prelado de la Diócesis siendo, al menos uno de ellos, un sacerdote y todos con residencia en la Villa.

La casa y colegio, en condiciones inmejorables a principios de siglo, llegó a ser uno de los centros escolares mejores de la Provincia. Después del movimiento Nacional, por los años 50, se encontraba grandemente disminuido y pobremente equipado. Con las pocas rentas recuperadas comenzaron la rehabilitación y mejoras del edificio y material escolar; con todo, resultaba no sólo difícil, sino imposible, sostenerlo con la sola ayuda del Patronato, en las mismas condiciones de total gratuidad. Por ello, no es difícil suponer que las Superioras se vean en la necesidad de plantearse, en más de una ocasión, si se debiera o no, dejarlo.

Hoy, mejorada notablemente la residencia de la Comunidad: habitaciones de las religiosas, Oratorio y sala de estar; así como los locales de aulas, reduciéndolas y acomodándolas a las necesidades y exigencias actuales. Mantenemos los ocho Grados de la EGB completa, con un total de 400 alumnas, subvencionada por el Estado.

Desconocemos cuales sean los planes de Dios sobre este centro, con la nueva Ley Orgánica –LODE-, centro de la Purísima Concepción, que abriera con tanto celo, nuestra Madre fundadora, antes de concluir la historia de esta Comunidad, es justo consignar un dato, quizás de los más importantes para la vida del Instituto: desde 1929, posiblemente hasta el 35, fue casa de Formación de Junioras, siendo la primera responsable, M. Nieves Escribano y las primeras formandas, según consta en la historia de la casa, Sor Rosa, Sor Peña Bermejo, Sor Salud García-Donas, Sor Bernardita de los Santos, Sor Sagrario y Sor Magdalena Otero. Pasando después, en el curso: 1934-35, a ser Aspirantado con un total de casi cuarenta niñas, hoy, algunas de ellas Religiosas. Sólo pudieron permanecer ese año por la inseguridad política que se vivía en España. Su encargada, M. María Loureda, aún lo recuerda con gran cariño.

Queremos también, en esta Historia, traer a la memoria a las Madres que han llevado, a lo largo de los años la obra y misión concepcionista en la comunidad como Superioras:

–          1905          M. Candelaria Boleda

–          1906          M. Asunción Miguel

–          1907          M. Pilar Esquíroz

–          1918          M. Puridad Lasala Floristán

–          1939          M. Cayetana Vallejo Serna

–          1940          M. Loreto Muru

–          1945          M. Margarita Martínez Lázaro

–          1946          M. Soterraña Gozalo Herrero

–          1952          M. Milagros Gómez Aragón

–          1955          M. Purificación Larrayoz

–          1956          M. Nieves Bravo Martín

–          1961          M. Elena Herrero Laso

–          1964          M. Mercedes Ledesma Viveros

–          1967          M. Visitación Sáinz-Terrones

–          1973          M. Asunción Arbizu Acedo

–          1976          M. Cruz Catalán Nieva

–          1982          M. Socorro Peña

Y a quienes desde esta Comunidad han arribado a la Casa del Padre, junto con nuestra M. Fundadora.

14-02-21         M. Buen Consejo Sánchez

04-03-21         M. Herminia Palacios

24-09-42         M. Dulce Nombre Esnal Irigoyen

25-05-49         M. Angustias Campión Goldaracena

11-03-53         M. Rosa Alcalde Fernández

11-06-55         M. Mª Jesús Tendero Martínez

05-03-65         M. Clara Moreno Gastesí

03-01-69         M. Antonia Sánchez Migallón

18-03-69         M. Margarita Martínez Lázaro

07-02-76         M. Consuelo Pérez Bustillo

23-02-77         M. Mercedes Laguna Cañadas

16-10-77         M. Mónica Martín Martil

Descansen en paz.

Santa Cruz de Mudela, abril de 1984

 

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